Los clubes Atlético Rico Pollo (Arequipa), Sport Grasa (Lima) e Independiente Bigote (Piura) pelearon por el ascenso a la Primera División de fútbol profesional peruano desde sus ligas distritales en el 2012. Ese mismo año, se desató una huelga en la máxima categoría debido al reclamo de los jugadores por falta de pagos.Ambas situaciones, que forman parte de la tragicomedia del balompié local, llegaron a una conclusión negativa: los distritales no ascendieron y a los profesionales no les pagaron (inmediatamente).

A una semana de iniciarse la edición número 103 de la Primera División del fútbol peruano,las deudas de los equipos siguen siendo un rasgo compartido por la mayoría. Por ejemplo, mientras que Pablo Vitti, ex jugador de Universitario de Deportes, declaraba en el 2017 que el club le debía US$1 millón; un año antes, Jefferson Farfán –que jugó hasta el 2004 en el Perú– exigía a Alianza Lima el pago de varios miles de dólares. Y debido a que la solidez financiera en este ambiente no es una característica común, para aliviar esta carga, varios clubes recurren a la elusión evasión tributaria a través del concepto del doble contrato.

Este método existe de toda la vida. Hace 10 años, había clubes que ponían como remuneración US$350 a todos sus jugadores. Pero cuando hablabas con ellos no ganaban menos de US$4.000. Es una forma de sacarle la vuelta al sistema”, cuenta a El Comercio Juan Baldovino, asesor legal de la Agremiación de Futbolistas Profesionales del Perú (Safap).

En líneas generales, los dobles contratos funcionan de la siguiente manera: clubes y jugadores llegan a un acuerdo económico. No obstante, un porcentaje mayor del pago se esconde en un documento distinto al que es presentado ante la Federación Peruana de Fútbol (FPF) y el Ministerio de Trabajo (MTPE). El porcentaje no declarado promedia el 70% del monto acordado, según la Safap.

Germán Lora, ex presidente de la Comisión de Justicia de la FPF, agrega que los contratos alternativos más comunes son los que solo pagan Impuesto a la Renta y no beneficios sociales (AFP, vacaciones, etc.), por ejemplo, bonos por firma de contrato o por imagen del jugador. Desde otro punto de vista, si se considera que el promedio del sueldo de los jugadores de fútbol es de US$5.564, según data del MTPE, los clubes en realidad deberían estar tributando y pagando los beneficios sociales desde una base de US$18.549.

EL CONTRATO NEGRO
A diciembre del 2018, el número de trabajadores que cuentan con un contrato de futbolistas profesionales debidamente registrados en el MTPE es de 460. No existe un estimado de la cantidad de contratos de otro tipo. “Si tú preguntas en la Comisión de Licencias de la FPF cuántos clubes tienen registrados que pagan contratos de imagen a sus jugadores, te dirán que uno o dos”, indica Baldovino. El Comercio consultó con la FPF: una vez cerrado el mercado de pases, se podrá conocer este número.

En este contexto, si por un lado los contratos comerciales dañan la caja fiscal del Estado al eludir impuestos, los acuerdos o pactos entre clubes y jugadores clubes no declarados terminan afectando los derechos laborales de estos últimos, ya que muchas veces los clubes no les entregan de vuelta el documento probatorio.

En el Perú, los futbolistas están bien protegidos, siempre y cuando tengan una copia del contrato de trabajo”, sostiene Baldovino.

Este Diario conversó con Marcio Valverde, ex jugador de Universidad Técnica de Cajamarca (UTC). Ese club le presentó este esquema, pero luego de unos meses no quiso depositar los pagos correspondientes. Según su experiencia, señala que el monto pactado suele dividirse en contratos laborales (40%) y contratos negros (60%). “El contrato negro nunca te lo dan. Y el monto lo pierdes porque no tienes una copia”. A raíz del caso de UTC, revelado por sus propios jugadores, Sunafil ha iniciado una investigación.

 

 

Otro caso es de Israel Kahn, oficializado como refuerzo del Real Garcilaso en diciembre del 2018 y separado en enero. Según cuenta a este Diario, al notar que en su contrato laboral el monto era mucho menor que el acordado, un dirigente le explicó que lo restante se colocaría en ‘el otro papel’. Kahn indica que le dijeron “que sus colegas habían firmado del mismo modo”.

Firmado el contrato laboral y el ‘otro papel’, intentó fotografiar el segundo. Sin embargo, un trabajador del club –afirma– le dijo que no le permitían que se fotografiaran los documentos. Días después de iniciada la pretemporada, fue despedido. De los más de US$4 mil por los cuales había firmado, el 85% iba vía contrato negro. El Comercio contactó a Real Garcilaso, pero el club no dio declaraciones.

EL PRIMER PASE
Respecto a temas salariales, la FPF evalúa solo lo registrado a través de la oficina de pases y transferencias.

“Tenemos información de que ha habido casos de clubes que pagan por diferentes conceptos fuera del contrato”, señala Hernán Garvan, gerente de Licencias de la FPF.

A raíz del Caso UTC, la FPF participa en mesas de trabajo en el MTPE con la Safap, con la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional y Sunafil. El objetivo es fortalecer las labores de fiscalización en los clubes. Así, Sunafil puede revisar la contabilidad y los libros de los clubes.

“Si este año los equipos no tienen mapeado esta situación, pueden sufrir consecuencias y ya no con la FPF, sino con el MTPE, y son sanciones de otro orden”, concluye Garvan.

Si bien este suceso pasa en otros países (Argentina o México, por ejemplo, según Baldovino), la meta de derrumbar los contratos negros es sin duda una de las formas de evitar que, eventualmente, el equipo insignia del campeonato local se llame Informalidad F.C.

Fuente: El Comercio - Por Daniel Macera y Ricardo Guerra